Naturaleza
El calor del Mediterráneo favorece tormentas más intensas si coincide con inestabilidad
Redacción Al Minuto · 30 ago
El Mediterráneo encara el final del verano con una elevada reserva de calor tras haber alcanzado sus aguas un récord de 33 grados. Esa temperatura aporta humedad y energía que pueden intensificar las tormentas, siempre que concurran otras condiciones atmosféricas. El tornado que provocó importantes daños este lunes en Pomas, en el sur de Francia, muestra el potencial de esa combinación. Los meteorólogos recuerdan que España también registra estos fenómenos y señalan las próximas semanas como un periodo que requerirá especial seguimiento.
Víctor M. González, divulgador especializado en meteorología de Meteored, destaca que el episodio francés se desarrolló con la llegada de una vaguada habitual para estas fechas, no ante una configuración atmosférica extraordinaria. Samuel Biener, meteorólogo de la misma entidad, coincide en que la situación era propia de esta época. Ambos sitúan entre los elementos relevantes el calor acumulado en el mar, que aumenta la disponibilidad de aire cálido y húmedo para alimentar las tormentas cuando se establece la inestabilidad.
Sin embargo, un Mediterráneo muy caliente no basta para desencadenar fenómenos extremos. González explica que, bajo el dominio prolongado de un anticiclón, esa energía no tiene por qué traducirse en episodios adversos. Para que intervenga en el desarrollo de tormentas deben aparecer otros elementos, como una borrasca, una DANA o una vaguada. La evolución de esos factores será determinante durante los próximos dos meses, un periodo al que el especialista aconseja prestar atención.
La tormenta que originó el tornado
En Pomas, el tornado surgió de una supercélula, una tormenta caracterizada por una corriente ascendente que gira. Su formación requiere humedad, energía y determinadas condiciones de cizalladura: cambios en la dirección y la intensidad del viento según la altura. Esa variación puede hacer que el aire comience a rotar al ascender y que el giro se incorpore a la estructura de la tormenta.
Las supercélulas aprovechan con gran eficacia la energía disponible, lo que les permite mantenerse activas durante horas y desplazarse cientos de kilómetros. Pueden provocar precipitaciones torrenciales, granizo de gran tamaño y rachas muy fuertes, aunque solo algunas generan tornados. En el caso de Pomas, Biener estima que el viento pudo superar los 220 o 230 kilómetros por hora. La intensidad se evalúa a partir de los daños, dada la dificultad de medir directamente las rachas. González apunta que el episodio podría haber llegado a un nivel F3, capaz de ocasionar daños considerables incluso en edificios resistentes.
Un fenómeno también presente en España
Los tornados se han observado en casi todas las provincias españolas. González sitúa entre las áreas donde suelen ser más frecuentes o intensos Cataluña, el litoral de Castellón y Valencia, Aragón y zonas de Teruel y Soria. También destaca Andalucía, donde pueden aparecer en invierno. Biener recuerda que Teruel y Soria han registrado episodios comparables al francés e incluso de mayor intensidad, aunque los tornados de esas características son poco habituales en el suroeste europeo.
Parte de estos fenómenos pasa lejos de los núcleos habitados. Algunos son trombas marinas que permanecen sobre el agua y otros recorren terrenos despoblados. Su reducido tamaño y duración también condicionan sus efectos: pueden ocupar una franja de decenas o cientos de metros, avanzar unos pocos kilómetros y disiparse en minutos. Que su trayectoria atraviese una localidad resulta, por tanto, decisivo para la gravedad de los daños.
La vigilancia meteorológica centrará la atención en las condiciones que puedan favorecer nuevos episodios durante las próximas semanas. Los especialistas pueden identificar con dos o tres días de antelación áreas propicias para la formación de tornados. Antes de lo ocurrido en Pomas, ya se había detectado riesgo en el sur de Francia y en sectores del valle del Ebro, Aragón y Cataluña. Esa evaluación permite señalar zonas favorables, aunque la aparición de estos fenómenos depende de que coincidan varios ingredientes atmosféricos.
Claves: - El Mediterráneo llegó a alcanzar 33 grados este verano y aporta calor y humedad a la atmósfera. - Las temperaturas del mar no provocan por sí solas episodios extremos: deben combinarse con inestabilidad. - El tornado de Pomas se formó en una supercélula y pudo superar los 220 o 230 kilómetros por hora. - España también registra tornados, con áreas destacadas en el noreste peninsular y Andalucía.
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Fuentes consultadas: 20minutos. Ver original


