Naturaleza
El calor nocturno resta 56 horas de sueño al año y amplía la desigualdad en el descanso
Redacción Al Minuto · 19 sept
El calor durante la noche reduce el descanso y añade un riesgo para la salud en un planeta cada vez más cálido. Un análisis de Climate Central calcula que la población mundial pierde, de media, 56 horas de sueño al año por las temperaturas nocturnas. De ese total, seis horas se atribuyen al cambio climático, cuyo impacto sobre el descanso ha aumentado durante las últimas décadas.
En casi todas las ciudades incluidas en el análisis, la pérdida de sueño asociada al calentamiento climático se ha multiplicado al menos por dos desde comienzos de los años setenta. La creciente frecuencia de noches muy cálidas dificulta la recuperación tras las jornadas de calor. En las zonas urbanas, además, el efecto de isla de calor mantiene elevadas las temperaturas nocturnas y agrava la exposición de quienes viven en ellas.
Un obstáculo para la recuperación física y mental
El problema afecta a un mecanismo básico del descanso: el control de la temperatura del cuerpo. Cuando el ambiente está demasiado caliente, el organismo trata de disipar calor mediante la sudoración y la dilatación de los vasos sanguíneos. Si el dormitorio no se enfría durante horas, puede costar más quedarse dormido y pueden producirse despertares repetidos. El resultado es un descanso más breve e interrumpido, seguido de mayor fatiga durante el día.
Dormir poco o mal se asocia con dificultades de atención, cambios en el estado de ánimo y menor productividad, así como con efectos adversos sobre la salud cardiovascular, metabólica e inmunitaria. Las noches calurosas se suman a otros factores que ya recortan el sueño, como el estrés y el uso de pantallas. Las personas mayores y quienes tienen determinadas enfermedades crónicas se encuentran entre los grupos más vulnerables. El Ministerio de Sanidad señala que tanto las patologías previas como la edad y las condiciones de la vivienda pueden aumentar el riesgo ante las altas temperaturas.
La vivienda y los ingresos marcan diferencias
La posibilidad de protegerse del calor tampoco se reparte por igual. Una casa con buen aislamiento, persianas y ventilación cruzada ofrece condiciones distintas a las de una vivienda que retiene el calor y apenas permite renovar el aire. La climatización puede reducir esa exposición, pero su coste limita el acceso. El informe Lancet Countdown Latin America 2025 estima que solo el 27 % de los hogares latinoamericanos tenía aire acondicionado en 2024, con una mayor presencia entre las familias de ingresos elevados. A ello se añaden el consumo energético y las emisiones vinculadas a su utilización.
Para limitar la entrada de calor, la Organización Mundial de la Salud recomienda cerrar ventanas y protecciones solares mientras fuera haga más calor que dentro, y ventilar cuando la temperatura exterior sea inferior. También puede ayudar trasladar temporalmente el descanso a la estancia más fresca y reducir el uso de aparatos que desprendan calor. Una ducha fresca o humedecer la piel son otras medidas para favorecer la pérdida de temperatura corporal.
La hidratación requiere especial atención: Sanidad aconseja tomar agua u otros líquidos regularmente, sin esperar a sentir sed. El ventilador puede aliviar la sensación de calor, pero no basta en condiciones extremas. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos advierten de que, a temperaturas muy elevadas, puede incluso favorecer un aumento de la temperatura corporal. La OMS sitúa en 40 ºC la referencia para esa precaución.
La evolución futura apunta a una presión mayor sobre el descanso. Un estudio publicado en Nature Climate Change estima que, en un escenario de emisiones altas, los días calurosos podrían acumular hasta cuatro horas adicionales de calor extremo hacia finales de siglo. La adaptación también pasa por el entorno urbano: ampliar las zonas de sombra y la vegetación, utilizar materiales que absorban menos calor y mejorar los edificios son medidas que pueden contribuir a enfriar las ciudades y reducir la exposición nocturna.
Claves: - El calor nocturno provoca una pérdida media mundial de 56 horas de sueño al año; seis se atribuyen al cambio climático. - El descanso insuficiente se relaciona con problemas físicos, cognitivos y emocionales. - La calidad de la vivienda y el acceso a climatización condicionan la protección frente al calor. - La adaptación de edificios y espacios urbanos puede ayudar a reducir las temperaturas nocturnas.
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Fuentes consultadas: 20minutos. Ver original


